martes, 28 de febrero de 2017

EL AZOR


                                                           AUTOR: T.H WHITE
                                                  EDITORIAL: ÁTICO DE LOS LIBROS


La cetrería es el antiguo arte de cazar con aves rapaces. El camino que recorre el cetrero desde que consigue una rapaz y la instruye es harto complicado. En este libro de notas, el autor T.H. White, partiendo de la absoluta ignorancia de este arte, decide intentar doblegar a un azor. El azor, es de las rapaces más difíciles de someter, debido a su carácter.

Lo primero es la fase de guardia, donde el cetrero y la rapaz no deben dormir durante unos días. En esta fase se intenta doblegar a la rapaz. Pero no es tan fácil, lo habitual es que haya días donde se avance en la instrucción y días de sometimiento del cetrero. 

El objetivo del cetrero es alcanzar los 5 grandes hitos de la cetrería: momento en que la rapaz come por primera vez, rendición a su amo después de la guardia, volar al puño, volar al cetrero a una distancia de 90 metros y cuando la rapaz mata a su primera presa. 

Como todo arte, el que lo realiza debe tener unas condiciones especiales, ya que si no, es fácil desistir a las primeras de cambio. La relación que establece el autor y el azor es obsesiva y ahí reside el encanto de este libro, la lucha del hombre contra el animal salvaje. La razón contra la impulsividad de los instintos. Este libro sirvió de inspiración a Hellen McDonald, para realizar su delicioso libor H de halcón   http://zancadasylibros.blogspot.com.es/2016/01/h-de-halcon.html 

 Entre los dos, quizás me quedo con el segundo, porque enlaza mejor lo que es la cetrería y la relación con la rapaz.

martes, 14 de febrero de 2017

MEDIA MARATÓN DE TUDELA ESTELA NAVASCUÉS 2017



Uno de los objetivos de la temporada llegaba el 12 de febrero, la media Maratón Estela Navascués de Tudela. Llegaba con un tiro tras las X millas de Peralta y el objetivo era batir mi mejor marca. Diez días antes de la media, sufro una lumbalgia que me tiene parado durante 10 días, qué larga se hace la espera cuando tu cuerpo está acostumbrado a correr. Así que, con filosofía, la semana de la carrera empiezo a trotar y a hacer algún cambio de ritmo para ver cómo respondo. Qué cómo respondo, aunque los ritmos salieron las sensaciones eran horribles, me sentía como una cafetera antigua después de cada entrenamiento.

Lo positivo, que trabajé mucho la cabeza y la paciencia. Encima para el domingo daban lluvia y aire. Ya tengo consuelo, con ese tiempo seguramente, no es lo ideal para intentar batir una marca, ya lo intentaré en la Media de Zaragoza.

CARRERA. La media es un circuito de 2 vueltas, no llano, con alguna subidita sobre todo, al final de cada vuelta, y luego bajada a muerte hasta meta. Habría que tener cuidado con los adoquines y el agua. Se comparte salida con los corredores de la 10k.

SALIDA… Llego justo para no mojarme, trote cochinero, estiramiento y sin un plan determinado me pongo en la línea de salida. 

3,2,1 y… a darle. Salida huracanada del personal, giro a la derecha y subida tendida perfecta para colocarme. Como se sale con los del 10000, realmente no sabes a que grupo unirte. Decido disfrutar e ir a mi ritmo, marco los primeros 5 kilómetros a ritmo medio de 3:40 min/km. Voy haciendo grupo, algún corredor que se pega detrás, pero casi toda la carrera la haré en solitario, como me gusta. El paso por el 10, ritmo medio del 5-10 a 3:45, no está mal. 


 A partir de este kilómetro, no sabía cómo iba a reaccionar mi cuerpo al paso de los kilómetros. Pienso “el trabajo ya está hecho, ahora lo que pase lo doy por bueno”. Y qué pasó? Pues que me encontré muy bien, no importaba la lluvia ni el viento, me sentía cercano a los que los expertos llaman el momento infinito. Paso del 15 (ritmo 10-15 a 3:50 min/km) y veo a dos corredores a unos centenares de metros, y luego un tercero por delante de ellos. Decido atacar e ir a su caza.


 Mentalmente pensé, aunque pierda algún segundo seguro, me acerco a mi MMP y me viene a la cabeza los días previos en el que mi cuerpo parecía un cuatro. En el kilómetro 18 llego a ellos y ni siquiera paro el ritmo, los adelanto y voy a muerte hasta el final con cuidado de no caerme. Parcial Km15-20 a 3:44 min/km. Último kilómetro, 500 metros de subida con adoquines húmedos y 500 metros de bajada hasta la meta, situada en la Plaza de los Fueros. 


Me tiro a muerte en la bajada, veo la meta. Paro el crono en 1:18:31 , puesto 15 y primer Tudelano en meta. 

Contento no, lo siguiente. Después de haber sufrido muchos sinsabores toca disfrutar de la recompensa.
Próximo objetivo, la media de Zaragoza….

lunes, 6 de febrero de 2017

KOKICHI TSUBURAYA: EL HOMBRE QUE SE CANSÓ DE CORRER...



Era el 9 de enero de 1968, cuando Kokichi Tsuburaya se despertó. Desde hacía 4 años, cada mañana se levantaba sobresaltado. Aquel sueño le perseguía. No podía huir de él. Estaba él, una recta, un estadio lleno coreando su nombre y… el vacío. 
 En cada noche, pensaba que llegaría a meta segundo y que no sería adelantado por el atleta que venía detrás. Pero no era así, siempre llegaba tercero. 

Discurrían los Juegos Olímpicos de 1964, Tokio como ciudad organizadora y sobreponiéndose al desastre de la II Guerra Mundial, había planificado unos Juegos para presentarse al mundo. Kokichi había participado en los 10000 metros quedando sexto, pero aún tenía un sueño, la prueba reina, la Maratón. Cuatro años antes, un desconocido  Abebe Bikila, había conquistado descalzo el suelo romano.

Era una mañana fría, húmeda y la polución se hacía notar. Kokichi ocupó su sitio en la línea de salida. A su lado, un espigado etíope, el gran Abebe Bikila, esta vez, calzado. Kokichi contaba con su adaptación a la climatología y sobre todo, contaba con el apoyo de los suyos. Se dio la salida, y en los primeros kilómetros , los favoritos se fueron posicionando.


A partir del kilómetro 30, la carrera se rompió. Era Bikila y los demás. No importó que unas semanas antes estuviera en una mesa de quirófano poniendo remedio a su apendicitis. Abebe era el rey y el resto de las medallas se las pelearían los mortales. Los mortales iban cayendo, quedando en solitario como segundo, el samurai Tseburaya. Pasaban los kilómetros, con su correr enérgico y constante, no se le podía escapar la gloria de ser el primero de los mortales. 
Peligrosamente por detrás, el plusmarquista británico Benjamin Basil Heatley, le iba acechando. Bikila, llegó al estadio, el público en pie le recibió. Cruzó la meta consiguiendo la medalla de oro y un nuevo récord del mundo. Tras cruzar la meta, como muestra de superioridad, se puso a estirar. 


El público comenzó a rugir, uno de los suyos se acercaba al estadio. Kokichi Tsuburaya, entró al tartán segundo. Sólo le quedaba una curva y una recta para devolver la gloría a su país. Unas pocas zancadas y braceos y la presea argenta sería suya. A 200 metros del final, el británico Heatley, el otrora recordman de maratón, le adelantó violentamente. Kokichi no pudo seguirle. Entró tercero.


 Kokichi sintió como una deshonra y una traición hacia su pueblo quedar el tercero. Como buen japonés, Kokichi, estaba muy arraigado a la férrea tradición nipona, creía y era fiel seguidor del código Bushido. Con la premisa de recuperar su honra, en los Juegos siguientes, los de México, intentaría estar en lo más alto del podium. Para ello, sólo correría. 

Apartó de su vida todo, a su familia, a su novia, sólo entrenó. Las lesiones llegaron, en forma de tendinitis y de lumbalgia. Pensó que él no podía permitirse el estar parado, sin entrenar, para conseguir su sueño. Los fantasmas de la desesperación se adueñaron del corredor japonés. Porque para Kokichi, el correr dolía, pero el no poder correr, mataba.  

Aunque Kokichi había perdido el combate, decidió no bajarse del ring, hasta esa fría mañana de enero. Comprendió que cuando se apagan los focos, el único rival eres tú mismo y valoras si todo el esfuerzo para conseguir el objetivo merece la pena. Aquella mañana, decidió tirar la toalla. No disfrutaría jamás de los hanami en enero. 

Kochiki, decidió dejar de correr… y de vivir. En su mano cerrada, se encontraron la medalla de bronce de los Juegos de Tokio y una nota en la que ponía “estoy demasiado cansado para correr más”…